Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo

Celebrar la diversidad cultural es poner de relieve una fuente incomparable de intercambios, innovación y creatividad. Es reconocer que la riqueza de las culturas es la energía constitutiva de la humanidad, una baza fundamental para la paz y el desarrollo, cuya promoción es indisociable del respeto de los derechos humanos.

Irina Bokova

 

 

 

Celebrar la diversidad cultural es también tomar conciencia de los vínculos que nos unen a nuestro entorno, ya que la diversidad cultural es tan necesaria para el género humano como la biodiversidad en la naturaleza, tal como se enunció claramente en la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural, aprobada en 2001.

Celebrar la diversidad cultural es abrir nuevas perspectivas para el desarrollo sostenible y promover las industrias creativas y el emprendimiento cultural como fuentes de millones de empleos en todo el mundo, sobre todo para los jóvenes, y en particular para las mujeres. La cultura es un acelerador del desarrollo sostenible, y esta función acaba de ser reconocida en la Agenda 2030 aprobada por las Naciones Unidas. La cultura brinda la ocasión única de conciliar los aspectos económicos y sociales del desarrollo: los bienes y servicios culturales transmiten identidades, referencias y valores y, al mismo tiempo, permiten a millones de creadores, artistas y profesionales vivir de su trabajo. Celebrar la diversidad cultural es permitirles ejercer su oficio, ayudarles a enriquecer el panorama cultural que a todos nos enriquece.

Celebrar al mismo tiempo la diversidad cultural, que amplía nuestros horizontes, y los derechos humanos que nos unen: esa es la esencia del mandato de la UNESCO en las esferas del patrimonio, la educación, la información y el intercambio de conocimientos. Los enemigos de los derechos humanos siempre arremeten contra la diversidad cultural, que es el símbolo de una libertad de ser y pensar que no toleran. Hoy más que nunca, atrevámonos a darles una respuesta colectiva, y por eso pido a todos los Estados Miembros que fortalezcan el espíritu de esta jornada como un arma pacífica contra la tentación del encerrarse en sí mismos, el aislamiento y la exclusión, con la que la humanidad reniega de sí misma al despreciar su propia riqueza.

 

 

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