Editorial 16

El arte es, de acuerdo con una limitadísima definición del diccionario, aquella “manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”. Y resulta restringida porque, a lo largo de la historia de la humanidad, los artistas han logrado transmitir emociones, estados de ánimo y sensaciones a través de estos medios, pero también mediante la mímica, la danza y, cada día más, a través de la interacción de estos medios, y aunque a lo largo de los milenios ha existido en algunos la intención de uniformar este tipo de expresiones, las vanguardias se han encargado de terminar con sus pretensiones y, llegado el momento, ellas mismas ceder paso a nuevas corrientes.

Durante muchísimos siglos se concibió al arte como una expresión elitista, ejecutada por unos cuantos genios, a quienes se reconocía como tales, que creaban para deleite de una élite, y se debían a sus mecenas, quienes se convertían en dueños de las obras materiales, en el caso de las artes plásticas, y en depositarios de las dedicatorias, tratándose de los grandes maestros de la literatura en todas sus expresiones, y recibían el más amplio reconocimiento social e histórico en el caso de la música.

Los mecenas eran generalmente nobles o ricos comerciantes, en tanto que los artistas eran producto de la enseñanza brindada por los grandes maestros, que admitían a los jóvenes más talentosos como aprendices.

Aunque para expresiones como la artesanía y los textiles la destreza y el talento requeridos sean tanto o más relevantes que en la pintura o la escultura, apenas en las primeras décadas de este siglo se comienza a reconocer a los autores de estas obras, y sus piezas llegan a alcanzar precios comparables con los de otros grandes artistas.

En este número de Diversidad Cultural ofrecemos a nuestros lectores un repaso de los principales géneros de la música mexicana, que van de lo popular a la música culta; en este último caso, por ejemplo, con una notable influencia del mariachi en la música sinfónica. También incluimos un artículo sobre la oralidad y la literatura zapoteca, en el que Rodolfo Martínez se refiere a esta faceta de la cultura oaxaqueña, que está a la altura de la obra de grandes maestros como Tamayo, Nieto, Corzas, Morales y Toledo, sólo por citar algunos, quienes lograron mantener sus vínculos con las expresiones de cultura de los pueblos originarios al tiempo que su fama se extendió por todo el mundo.

También incluimos un texto sobre otra de las artes que algunos consideran “menor” —el cine—, y en particular sobre una obra maestra de este género: La forma del agua, del mexicano Guillermo del Toro, cinta multipremiada que ejemplifica cómo toda forma de expresión artística puede conmover a quien la admira. Esta cinta en particular se distingue, además, por su forma de abordar la diversidad.

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