El Censo de 2020 y el reconocimiento estadístico de las poblaciones afromexicanas

Entrevista con Nemesio Rodríguez, investigador del Programa de Interculturalidad y Diversidad Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Coyoacán Ciudad de México, 18 de abril de 2017. El reconocimiento estadístico de las poblaciones afromexicanas en el Censo de población 2020 que ejecutará el INEGI, tiene en el año 2018 un momento clave pues es cuando se elabora el insumo fundamental, la cédula de registro de población.

El asunto en México cuando se refiere al registro estadístico oficial de esta población consiste en que las poblaciones afromexicananas han sido ocultadas de las estadísticas del estado mexicano y con ello invisibles en la vida pública.

La construcción de la modernidad nacional mexicana tiene precisamente la característica del ocultamiento de sus poblaciones afro mexicanas cuya invisibilización es un mecanismo de reproducción de esa modernidad mexicana, instrumentalizada en políticas gubernamentales con fuerte influencia de la eugenesia, que caracterizaron buena parte del siglo XX mexicano.

Esa fuente de inspiración eugenésica convertida en políticas públicas, en México tiene su instrumentación oficial en la manera de contarnos, pues los conteos oficiales ocultaron en sus registros la diversidad cultural, étnica y lingüística original de nuestro país.

Las cédulas de registro de la población elaboradas por el INEGI no consideraron las diferencias culturales, étnicas y lingüísticas del tejido social de nuestra pluralidad nacional.

En ese contexto de omisiones y ocultamientos estadísticos oficiales se localiza el fenómeno de, parafraseando a Bolívar Echeverría, blanqueamiento estadístico presente en los censos de población.

Las plataformas estadísticas resultantes de los censos representan la manera oficial de concebir a la población, así como también el mecanismo de reconocimiento de los componentes poblacionales que integran la dinámica de población y, por ende, la distribución de recursos para su atención.

De esa concepción poblacional se alimenta la construcción de políticas públicas, de tal manera que, si desde el origen del conteo que sucede con el llenado de la cédula del registro casa por casa, ya hay tendencias que lo orientan hacia el ocultamiento por medio del blanqueamiento estadístico, los resultados de los conteos oficiales tendrán un sesgo discriminatorio, racista y en contra de los derechos humanaos, culturales y colectivos, por ejemplo, de las poblaciones afro mexicanas

En términos de atribuciones normativas vigentes, tanto nacionales como internacionales, está en manos del INEGI, institución del estado mexicano, la responsabilidad legal de ejecutar el censo 2020 respetando los derechos de las poblaciones afromexicanas a la autodenominación.

Si no fuera así, es muy probable que el INEGI se vea en un contexto de demandas por las vías legales por parte de las poblaciones afromexicanas para la reposición del procedimiento de autodenominación, en reclamo de sus derechos humanos, culturales y colectivos.

En ese contexto nacional y global se inscribe la importancia del reconocimiento estadístico de las poblaciones afromexicanas que recientemente se encontraron representadas por sus organizaciones como AFRICA A.C.; México Negro y Época, por mencionar algunas, con el apoyo del Programa Universitario de Interculturalidad y Diversidad Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México, en el Coloquio Cómo queremos llamarnos? Horizonte Censo 2020.

Dicho Coloquio se efectuó en las Casa de las Humanidades de la UNAM, los días 17 y 18 del mes de abril. En ese marco tuvimos la oportunidad de entrevistar al doctor Nemesio Rodríguez, investigador del Programa Universitario de Interculturalidad y diversidad Cultural de la UNAM y constructor de la Encuesta sociodemográfica de la población negra de la Costa Chica de Oaxaca y de Guerrero.

REVISTA DIVERSIDAD CULTURAL: Estamos con el doctor Nemesio Rodríguez, Doctor, estamos en un proceso, ya hemos pasado por el conteo inter-censal que tiene la perspectiva de llevar este reconocimiento estadístico hacia el censo del 2020 y con esto tener mayor claridad de cuántos afromexicanos, afrodescendientes, negros, prietos, mulatos o como sea, tener claro cuántos son. Entonces, la pregunta es cuál es su perspectiva de este fenómeno.

Nemesio Rodríguez:  Las discusiones en el INEGI comienzan a fines de los años ochenta, no es nueva y la posición del INEGI en ese momento era no podemos contar población negra, porque si lo hacemos como negros sería racista y no podemos distinguirlos, los indígenas si, era determinante el argumento que daban. Tuvimos dos discusiones muy fuertes en dos reuniones sobre Demografía, una fue en San Cristobal  de las Casas y otra en Pachuca; y entonces su argumento era que no se puede. Cómo que no se puede, sí se puede.

Entonces con organizaciones de la Costa Chica capacitamos a 180 jóvenes. Con estos primeros les preguntamos cómo quieren llamarse, ellos dijeron negros, perfecto. No era mi idea, era la idea de que la gente no estaba diciendo queremos. Con esto se capacitaron 180 jóvenes, se hizo una cédula con negros y 22 pueblos fueron con la cédula, qué es lo que quieren decirle al país. Se terminó esto, ahí está la publicación, una encuesta piloto, hicimos una presentación pública.

Había varios periodistas. Al día siguiente fue Sojo a la UNAM a una reunión, saliendo de la reunión uno de los periodistas le dice: ustedes dicen que no se puede, pero acá hay una prueba de que si se puede sacar, usted qué dice. Entonces Sojo dice en ese momento, pues estamos dispuestos a discutirlo.

Vía la red para el reconocimiento constitucional hicimos una carta, le tomamos la palabra hicimos una reunión en Pinotepa Nacional con gente de muy alto nivel con quienes se establecieron una serie de acuerdos.

A partir de esos acuerdos, a como salió en el conteo había una serie de cuestiones intermedias, se hizo el conteo. Hubo una serie de cuestiones intermedias se le hizo una carta a Sojo diciéndole que bien que se había integrado, pero era discriminante todavía pues había población que quedaba afuera, se sintieron, lógico, el problema se planteó en una cuestión normativa desde el punto de vista metodológico y entonces quedó en el aire.

Ahora se viene el censo, que esperemos sea censo y no muestreo, que sea realmente un censo para poder integrarlo a las estadísticas nacionales, en la dinámica de población, hay una serie de problemas que está ahí.

Entonces, ¿cómo vamos allegar, ¿con la misma pregunta? ¿la hecha en el conteo?  O vamos a entregar un catálogo y decir aquí hay un catálogo que tiene que ser respetado, porque si n tendríamos que ir a la estructura jurídica. Y ya la estructura jurídica ya sabemos por la corte, las autodenominaciones tienen que ser respetadas como tal, un juez medianamente sensato lo que diría es reposición de procedimiento.

Reposición de procedimiento a un censo son millones de pesos, entonces señores hagan las cosas bien. Pero nuestro plan es casualmente abrir espacios, como este, y entregar la información a las estructuras que les corresponde, pero háganlo bien, si no nos van a obligar a ir a una estructura jurídica y sabemos que en las estructuras jurídicas ganamos, por las propias resoluciones que ha tenido la corte sobre auto-reconocimiento, y ya eso tiene vuelta. Entonces mínimo si lo han mal, repongan el procedimiento.

Eso es un proceso y en eso se está y tratamos de abrir los espacios donde hay académicos, hay organizaciones sociales, porque es el tipo de temas que va mucho más allá de la academia. Tiene que ver con todo, tiene que con la concepción de la nación, tiene que ver con la concepción del Estado, cómo nos miramos. Implica muchas cosas.

RDC: ¿Hay rigidez de parte del Estado a través del INEGI, en el tratamiento de este asunto?

NR: Lo que pasa es que no es tanto que sea rigidez, hay mucho desconocimiento y además es un problema complejo y generalmente los problemas complejos suelen hacerlos muy chiquitos. Para el Estado mexicano no es nuevo, lo que pasa es que lo ha ocultado.

El primer estudio que se hace sólido en el país lo hizo Gonzalo Aguirre Beltrán y lo hace para la Secretaría de Gobernación. Ahora, también eran otros funcionarios públicos con muchísimo más alto nivel intelectual. Ahora hay muchísimos funcionarios con doctorado, muy bien, qué es lo que saben, casi nada.

Es decir, la discusión es filosófica, como tal no existe, la mayoría son administradores, entonces ahí hay un problema en términos de calidad de funcionarios, no en términos de sus títulos académicos, sino en términos de conocimientos, de su cultura general, su apertura, su reflexión filosófica.

RDC: Para el INEGI no habría disculpa entonces si ya hay materiales, si ya hay información, si ya hay discusiones anteriores, que los obligarían a no mantener la misma postura rígida que tuvieron para el conteo, no llegar con esta misma posición hacia el censo del 2020.

NR: Por eso el año 2018 es clave, en estos términos, porque para el año 2018 el INEGI tiene que preparar la cédula, es el próximo año. La aplicación es en el 2020.

Por eso la idea es acá vamos a tener un catálogo, ese catálogo va a ser perfectible, pero ya hay un catálogo, aquí lo tienen. No hay pretexto para no hacer bien las cosas, o lo hacen bien o nos vamos por la vía jurídica.

Realmente esto implica en términos de una parte de la cuestión censal, una reflexión de la imagen del tipo de país que tenemos en la cabeza. Qué país somos, cómo nos vemos y por lo tanto es una distribución distinta de lo que es la política pública. Toca muchas cosas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *