Derechos humanos y no discriminación

El pasado 21 de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial declarado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Como otros días internacionales respaldados por resoluciones de la ONU, tiene el propósito de sensibilizar, crear conciencia, llamar la atención, señalar que existe un problema importante sin resolver en las distintas sociedades del mundo. Al establecer un día para esta conmemoración se busca llevar a cabo tareas de sensibilización y concientización para que tanto la población como los Estados y los gobiernos adopten medidas que permitan mejorar las condiciones de cumplimiento de esos derechos.

El derecho a la no discriminación parte de la base de que los derechos humanos son inherentes a todas las personas sin discriminación alguna y los cimientos principales de estos derechos son el derecho a la igualdad y a la no discriminación. El artículo 1º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclama que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos; el artículo 2º establece que toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza o de cualquier otra índole.

A pesar de la larga historia de lucha por estos derechos, el racismo, la xenofobia y la intolerancia son todavía problemas comunes en todas las sociedades. Es común encontrar prácticas discriminatorias en todas las sociedades que es necesario desterrar.

En México, al final de la segunda década del siglo XXI seguimos enfrentando problemas serios de discriminación a las mujeres, los pueblos indígenas, los extranjeros, los migrantes, entre otros. Muchos de estos temas tienen raíces profundas en las formas de pensar, las instituciones y la falta de mecanismos eficaces de combate a sus manifestaciones más evidentes. Me centro aquí en un ejemplo concreto, las opiniones sobre discriminación a las personas migrantes que reflejó la Encuesta Nacional Sobre Discriminación en México realizada en 2010 (ENADIS 2010, http://www.conapred.org.mx/userfiles/files/Enadis-MIGRANTES-Web_Accss.pdf), realizada por el Consejo Nacional para Prevenir y Eliminar la Discriminación (CONAPRED).

A pesar de la idea generalizada de que México recibe a todos con los brazos abiertos y de que somos un país muy hospitalario, información como esta muestra que existen actitudes explícitas de xenofobia y discriminación contra los inmigrantes y que los mexicanos no vemos con los mismos ojos a todos los extranjeros.

Cuatro de cada diez personas encuestadas (40.8%) consideraron que los derechos de las personas migrantes no se respetaban. De manera interesante, los grupos de mayor edad tenían una idea más favorable al respeto de los derechos de las personas migrantes, mientras que entre los menores de 30 años, más de cuatro de cada 10 opinaron que esos derechos no se respetaban (42.1%). En cambio, la percepción era muy similar entre hombres y mujeres.

Las regiones en el país mostraron importantes contrastes en sus perspectivas sobre el respeto de los derechos de las personas migrantes. En estados como Durango, San Luis Potosí, Zacatecas, Baja California y Baja California Sur, la Ciudad y el Estado de México, menos de tres de cada diez personas opinaron que no se respetan esos derechos (25.8%). En contraste, en Hidalgo, Morelos, Puebla y Tlaxcala, casi la mitad de los encuestados consideraron que no se respetaban los derechos de las personas migrantes, aunque también Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas (46.6%), concentraron opiniones muy por encima de la media nacional (40.8%).

Al analizar los datos por nivel educativo de los encuestados, se observa que, a mayor nivel de estudios, la percepción de discriminación de las personas migrantes es mayor: entre 25 y 29 de cada cien personas sin estudios y con primaria consideraron que los derechos de las personas migrantes se respetaban, mientras que sólo 11.4% de las personas con licenciatura opinaron eso. Hay más de diez puntos porcentuales de diferencia entre quienes, sin escolaridad o con primaria, opinaron que no se respetaban los derechos de los migrantes y aquellos que teniendo licenciatura así lo vieron.

En todos los niveles socioeconómicos a los que pertenecen los encuestados se reconoce que los derechos de las personas migrantes no se respetan: 37.6% de los estratos más bajos consideran que no se respetan y 46 de cada cien de los más altos opinaron lo mismo.

Al entrevistar a las personas migrantes, la ENADIS 2010 encontró que 23.5% de ellas consideraba que el principal problema que enfrentaban era el desempleo y 20.5% la discriminación; seguidos del 12.0% que consideraban a la inseguridad y 14.4% a la falta de documentos como su principal problema. Tres de cada diez opinaron también que en México no se respetan los derechos de las personas migrantes.

En lo que se refiere a las opiniones sobre lo que el gobierno mexicano debería hacer para enfrentar esta problemática, la Encuesta muestra que casi la mitad de los encuestados considera que deberían crearse más empleos (43.7%).  Mientras que un poco más de la cuarta parte considera que deberían negociarse acuerdos con los otros países (27%) y otra cuarta parte (25.6%) sostiene que debería controlarse la migración.

A mayor edad de los encuestados la opinión de que el gobierno debería crear más empleos es mayor y controlar la migración es menor; en contraste, la idea de controlar la migración es más importante para los más jóvenes: 29.5% para los menores de 30 años; de 12 a 17 años y 22.5% para los mayores de 50 años.

No hay prácticamente diferencias entre lo que opinan al respecto hombres y mujeres.

En las distintas regiones del país, las diferencias de opinión de los encuestados no son muy amplias. En la mayor parte de los estados de la República entre el 20% y el 30% consideran que debería controlarse la migración. Sin embargo, en el Estado de México y la Ciudad de México, esta opinión alcanza el 33%; en contraste, en Baja California, Baja California Sur, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, los respondientes con esta opinión no llegaron al 20%.

A medida que los encuestados tenían un mayor nivel de escolaridad su opinión sobre la necesidad de que el gobierno creara más empleos era menor y, en cambio, se incrementó la opinión de que debería negociarse una política migratoria con otros países. El nivel socioeconómico, en cambio, si incide en el crecimiento de una preferencia por el establecimiento de medidas para controlar la inmigración: en el estrato socioeconómico más bajo, el 19% de los encuestados optó por esta respuesta, mientras que en el más alto el 30% lo hizo.

Por último, otra percepción que abordó la ENADIS 2010 fue la de la incidencia que pueden tener las personas migrantes en la unidad nacional.  Casi siete de cada diez encuestados opinaron que las personas migrantes provocan divisiones en la comunidad: 39.9% opinaron que inciden poco en esas divisiones y 26.8% que lo hacen mucho. En esto no hay grandes variaciones por edad ni por sexo. Pero sí las hay en términos regionales: en estados como Veracruz y Tabasco el 36.4% de los encuestados consideró muy importante su influencia, mientras que en Colima, Jalisco, Michoacán y Nayarit, menos del 15% eran de esa opinión.

Casi tres entrevistados de cada diez no permitirían que en su casa viviera una persona extranjera y cuando se analiza por grupo de edad, más de cuatro de cada diez mayores de 60 años no lo aceptarían. El nivel de escolaridad, en contraste, produce el efecto contrario: casi la mitad de los encuestados sin escolaridad no lo permitirían, mientras que sólo el 11% de los que tienen licenciatura se opondrían.

Intolerancia y rechazo a las personas que no nos resultan familiares, a los extranjeros y los migrantes es una característica relativamente común en distintas sociedades. En la mexicana, además, está asociada a la idea de una construcción nacional que opone a los de casa y a los de fuera. El Himno Nacional amenaza al “extraño enemigo” y pocas referencias se encuentran en libros de texto y otros materiales educativos a los grandes aportes de distintos pueblos y culturas locales y extranjeras. Del mismo modo que discriminamos a los indígenas, rechazamos a los migrantes, porque nos resultan extraños y desconocidos. La mejor comprensión de sus aportaciones, que viene con la educación y con la experiencia, puede suavizar ese rechazo, así como el contacto frecuente y sostenido. En contraste, la poca escolaridad suele trabajar en contra, así como el desconocimiento y el temor a la competencia por recursos escasos, como las fuentes de empleo.

El otro gran tema es que no reconocemos fácilmente las posibilidades que todos tenemos de transformar ese rechazo en interacción enriquecedora. La responsabilidad de resolver los problemas es de alguien más, generalmente del gobierno, mediante mayor control o acuerdos con otros gobiernos. Formas de cooperación y apoyo más horizontales en las que todos podamos reconocernos como iguales para hacer frente a los problemas, son poco comunes y no se ven soluciones por ese camino. Exigir los derechos de todos y participar en la defensa de los derechos de todos es responsabilidad de todos.

El CONAPRED levantó de nuevo información sobre discriminación el año pasado (ENADIS 2017) y seguramente tendremos resultados este año.  Los resultados de este nuevo levantamiento seguramente permitirán observar si hemos logrado algún avance en estos temas, o seguimos con un déficit significativo en el respeto irrestricto de los derechos humanos de todos.

 

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