Universidades Interculturales

Las universidades interculturales forman parte de un subsistema de educación superior que cuenta con 12 instituciones de este tipo en todo el país, las cuales comparten el mismo modelo que se adapta a cada contexto cultural. Dicho modelo fue creado en la Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe de la SEP, por Lourdes Casillas y Laura Santini, en los tiempos en que la titular era Sylvia Smelkes del Valle.

Es importante decir que, fundacionalmente, dicho modelo se orientó por los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, de 1996, particularmente en el primer capítulo: Derechos y Cultura indígena, donde se expresa la demanda de los pueblos originarios de recibir educación desde sus culturas y con sus lenguas maternas. También es relevante apuntar que dicho modelo fue resultado de consultas regionales con los pueblos indígenas para tomar en cuenta sus opiniones y puntos de vista, a partir de los cuales se logró armar el modelo que ayuda a revalorar la identidad cultural de los pueblos originarios y a colocarlos en planos de equidad ante la sociedad mestiza que los discrimina. Representa asimismo una alternativa de educación superior para contextos culturales y lingüísticos específicos que exigen un tratamiento pertinente por la complejidad de su diversidad cultural.

El modelo es muy reciente en su aplicación, de modo que es difícil conocer los alcances de su impacto. Sin embargo, es necesario evaluar su desempeño, pues de otra manera no tendremos cómo conocer y medir su impacto en algo tan delicado como la discriminación racial que media en las relaciones de la sociedad mestiza con las comunidades indígenas en todo el país; un problema generalizado al que la educación superior no es ajena.

Es muy difícil erradicar la discriminación racial pero, sin duda, este modelo de universidad intercultural plantea una visión fundada en el respeto a las diferencias culturales y a la valoración de los saberes originarios que hoy representan alternativas prácticas para construir sociedades sustentables, capaces de hacer frente a problemas como el cambio climático, entre otros.

El modelo ofrece educación superior a una parte de la población nacional —sobre todo de origen indígena— que de otra manera no tendría acceso a ella, y para quienes el modelo intercultural representa una alternativa de vida gracias a la posibilidad de recibir formación profesional escolarizada en campos en los que las universidades convencionales no incursionan, como los de las licenciaturas en comunicación intercultural, desarrollo y gestión comunitaria y turismo sustentable, que son opciones profesionales orientadas a fomentar el desarrollo comunitario con identidad cultural; es decir, se trata de profesiones con aplicación directa a sus contextos culturales, y que tienen repercusiones directas en las comunidades de origen de los estudiantes.

También hay que reconocer que los logros no son todavía los que se esperaban, sobre todo en lo referente a la inserción de los egresados al campo profesional. En este aspecto es necesario trabajar más para armonizar lo que ofrecen los profesionales egresados con lo que demandan los empleadores. Ello supone revisar y ajustar la currícula de las licenciaturas que ofrecen estas instituciones de educación superior.

Por otra parte, estas universidades han sido muy castigadas en sus presupuestos, que han sido reducidos prácticamente al gasto corriente, con la consecuente limitación de la investigación aplicada que deben tener las Universidades interculturales.

En este contexto incierto, se llevó a cabo el segundo Seminario de Investigación “Universidades interculturales en México: balance de una década”, en la Universidad Nacional Autónoma de México. De dicho Seminario derivó la Declaración sobre la situación de la educación superior intercultural, que la RDC publica íntegramente en este espacio.

View Fullscreen

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *