La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y el Taller de Comunicación Abierta

Rodolfo Martínez Martínez

El pasado 13 de mayo la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México cumplió 70 años de existencia, aniversario que tristemente hubo de transcurrir en el confinamiento pandémico que limita cualquier tipo de celebración al ámbito virtual.

El 13 de mayo de 1951 surgió la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales con las carreras de Ciencias de la Diplomacia, Periodismo, Ciencias Políticas y Ciencias Sociales. Diecisiete años después, el 26 de enero de 1968, se transforma en Facultad.

Treinta años más tarde, entre 1980 y 1981, en las aulas de la vieja Facultad, particularmente en la clase de la profesora Fátima Fernández Christlieb, vi nacer al Taller de Comunicación Abierta TCA, que surgió de la iniciativa transformadora del modo de comunicación dominante, construida colectivamente por un grupo de estudiantes de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación, sobre todo de la generación 1979-1982, de la cual soy parte, aunque no solamente de ella.

En esos años, aquel TCA fue protagonista de innumerables y variadas experiencias comunicacionales estudiantiles, teóricas y prácticas, entre las que destaca la Primera Semana de la Comunicación, organizada por el TCA en 1981 para celebrar el aniversario treinta del nacimiento de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM; así como el Segundo Encuentro Nacional de Estudiantes de Comunicación, que el TCA organizó conjuntamente con la Asociación Nacional de Estudiantes de comunicación —la ANECO—, el mismo año

En 1981, aquel TCA tuvo vida académica intensa, tanto dentro como fuera de las aulas de la vieja FCPS. Acudimos a encuentros nacionales de estudiantes de comunicación y periodismo; realizamos numerosos intercambios académicos con estudiantes de las universidades del país, que en esos años impartían la licenciatura en comunicación; hicimos prácticas de campo en territorios étnicos con las comunidades de los pueblos originarios y afromexicanos; experimentamos con los medios de comunicación audiovisuales, unos en el cine y otros en la llamada televisión cultural; nos aproximamos teóricamente a las concepciones críticas de la comunicación que en aquel tiempo nos ayudaron a construir nuestra visión alternativa de la comunicación cerrada, que a nuestra generación le tocó enfrentar desde el TCA, con una propuesta de apertura, de comunicación abierta a todos los saberes y a todas las voces; un solo mundo, voces múltiples, parafraseando al informe McBride.

Durante esos años, aquellos estudiantes que entonces fuimos integrantes del TCA, nos dimos la libertad de construir nuestra propia utopía y practicarla; una utopía a la que llamamos comunicación abierta, con la que desafiamos los cánones racistas y discriminatorios dominantes en la comunicación masiva mexicana de la década de los ochenta del siglo pasado.

Por aquellos años de experimentación estudiantil con el Taller de Comunicación Abierta, acudimos juntos al encuentro de nuestros propios caminos de formación y ejercicio profesional, siempre de la mano de una práctica común: la conjugación de la teoría con la práctica en la acción comunicacional estudiantil alternativa al poder mediático dominante.

Entre otros temas y objetos de estudio, en el TCA surgió una especial atracción por el estudio crítico de la cultura de masas que encontramos en las obras de la escuela de Frankfurt, a las que nos aproximamos gracias a las recomendaciones de quienes entonces eran nuestras maestras y maestros.

Para los estudiantes del TCA la primera aproximación al estudio de la escuela de Frankfurt sucedió en el cuarto semestre de la licenciatura, en la clase de Desarrollo, régimen y estructura de los medios de comunicación colectiva en México, que impartía la profesora Fátima Fernández Christlieb, quien en algún momento del curso nos pidió de tarea leer una traducción del idioma alemán al idioma español, del artículo titulado Dialéctica negativa, de Jürgen Habermas, publicado en la revista El viejo topo.

Aquella lectura para mí siempre fue un desafío, pues, aunque leí ese artículo al menos unas cinco veces, terminé entendiendo muy poco. El desafío de mi fallida lectura temprana de aquella traducción del artículo de Habermas, me llevó a empeñar los siguientes años de estudio autodidáctico de las obras producidas por los investigadores del Instituto de Investigaciones Sociales de Frankfurt.

Otro ejemplo de aproximación a los teóricos de Frankfurt sucedió en el contexto de la clase de Teorías de la comunicación, impartida por Pilar Calvo (QEPD), quien solicitó como tarea la lectura de Apocalípticos e integrados, de Umberto Eco. En el ensayo que da título al libro, el autor plantea el análisis de dos visiones de la cultura de masas. Del lado de los integrados, Umberto Eco colocó a los teóricos funcionalistas de la comunicación, tales como Paul Lazarsfeld y Robert K. Merton, en el papel de apologistas de la cultura de masas y de los mass-media.

Del lado de los apocalípticos Umberto Eco colocó a los integrantes más prominentes de la escuela de Frankfurt, tales como Walter Benjamin, Teodoro W. Adorno, Max Horkheimer y Herbert Marcuse, con sus constructos clásicos, la teoría crítica y su dialéctica negativa. Esa representación de la escuela de Frankfurt de la autoría de Umberto Eco resultó muy interesante y atractiva en las discusiones del TCA. Tanto, que propició el surgimiento de nuestra identificación colectiva con la escuela de Frankfurt, misma que para algunos integrantes del TCA resultó ser profunda y de largo aliento,

Cuarenta años después de la aproximación del TCA al estudio de la escuela de Frankfurt mediante la lectura escolar de sus textos traducidos al español, y unos pocos meses antes de celebrar el primer centenario de su nacimiento, lo cual sucederá en 2022, es menester reconocer la importancia de las traducciones del alemán al español de las obras de los investigadores que colaboraron para el Instituto de Investigaciones Sociales de Frankfurt desde su surgimiento en 1922, hasta su etapa de exilio en Estados Unidos, misma que abarca toda la década de los sesenta del siglo pasado.

En estos meses previos al centenario del nacimiento del Instituto de Investigaciones Sociales de Frankfurt, es justo recordar y agradecer el trabajo de los primeros traductores del alemán al español de las obras de quienes fueron sus colaboradores, como Walter Benjamin.

Dichas traducciones fueron realizadas sobre todo por el mexicano José María Pérez Gay y por el entonces ecuatoriano Bolívar Echeverría, quien luego adquirió la nacionalidad mexicana. Gracias a ellos fue posible que estudiantes mexicanos que no hablamos ni leemos el idioma alemán, como yo, pudiéramos estudiar en español sus obras, tales como La obra de arte en la época de su reproducción técnica, de Walter Benjamin, o La industria cultural, de la coautoría de Teodoro W. Adorno y Max Horkheimer, por ejemplo.

Como ahora sabemos, ambos, José María Pérez Gay y Bolívar Echeverría, estudiaban en la Universidad Libre de Berlín en la década de los sesenta, en donde desempeñaron un papel fundamental en el movimiento estudiantil alemán que tuvo lugar entre 1966 y 1968, el cual estuvo fuertemente influenciado por teóricos de la escuela de Frankfurt, como Walter Benjamin y Herbert Marcuse. Pérez Gay y Echeverría estudiaron rigurosamente la extensa obra que produjeron los investigadores de Frankfurt, la cual luego tradujeron al español. Años más tarde, ambos se convirtieron en reconocidos expertos en estudios germánicos.

Entre traducciones, José María Pérez Gay y Bolívar Echeverría, nos legaron un conjunto de obras de la escuela de Frankfurt, mismas que a las siguientes generaciones de estudiantes mexicanos y latinoamericanos nos han resultado de invaluable ayuda para estudiar críticamente la cultura de masas y las sociedades de masas. Recordamos a los integrantes de este movimiento en la víspera del centenario de su nacimiento, y celebramos disponer de sus obras en nuestro idioma.

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