La risa en elecciones o la democracia mexicana tamaño tik tok

Nick Tafoya

La otra tarde llegó a mi computadora una invitación de mi colega Valeriano Bogomilo Pantzontzin Izquierdo para un video chat. Urgente, decía el llamado. Vi la hora en el reloj, eran 15 minutos antes de las seis de la tarde. Me dispuse a la comunicación virtual con mi amigo. Operé los mecanismos electrónicos para realizar la plática, que más fue un monólogo iracundo de mi compañero de bohemia.

Después de los saludos cordiales, Pantzontzin comenzó con algo que expuso como una cita de Carlos Marx, la cual tomó, según me dijo, del 18 Brumario de Luis Napoleón Bonaparte, ahí donde el tío Charly dijo que la historia sucede dos veces. La primera, como una tragedia, y la segunda, como una tragicomedia.

Es el caso de la democracia mexicana, me dijo Pantzontzin. Luego me explicó: “Mira Nicolás Herminio, fíjate bien. La democracia mexicana surgió como tragedia de un pueblo en evolución que dio su sangre y la vida de millones de patriotas hasta lograr darle vida a una república democrática, la mexicana, tan profundamente nuestra como el equipo Atlante.”

“Sí, Tafoya, de ese tamaño están las cosas. Ahora, en el proceso electoral presente, sea el partido que sea, o el candidato en competencia, el que a final de cuentas ganará no será el partido o el candidato. Sin duda, la que ganará será la señora banalidad. Y eso sucederá precisamente porque hemos llegado al colmo de la banalización de la democracia mexicana. Y es que no puede ser que, en tiempos de elecciones, en lugar de que las campañas y su propaganda me llamen a la reflexión, ahora, con su humor involuntario, me provoquen risa; una risa loca que ya no puedo contener.”

“En la televisión, en la computadora, en el radio, en la calle, la propaganda política anda por los suelos; la pisas al caminar, y no es metáfora. En lugar de que la propaganda política me haga pensar, me provoca risa ver tantos cómicos, comediantes y locutores facinerosos que venden mercancías milagrosas, metidos a políticos. Y políticos metidos a cómicos, convertidos en comediantes de la miseria mexicana, siniestros vendedores de promesas de redención social que jamás serán cumplidas: la democracia mexicana convertida en la ópera de los tres centavos de Bertolt Brecht, con música de Kurt Wëil.”

“Su vaciamiento de cualquier sentido de ética, coloca a la democracia mexicana como mercancía devaluada, expuesta en el aparador comercial en el que se ha convertido, al alcance de cualquier postor que tenga el dinero y el poder para comprarla”, dijo mi amigo. Luego continuó: “su narrativa se reduce a mensajes sin ideas, con gracejadas que más bien provocan humor involuntario. No hay ideas; hay amenazas; no hay abrazos, hay balazos y la apuesta a la democracia que prometía el asalto al cielo, se convirtió en caída al abismo de la destrucción nacional, con el empujón gandalla, tan artero como fatal, de la violencia endémica que nos destruye.”

Acalorado y enfático, Pantzontzin continuó su monólogo: “Tafoya, estamos en el peor momento de la democracia mexicana. El análisis que González Casanova formuló hace 56 años de ella nos deja ver claro que aquella democracia que analizó don Pablo, para entonces ya estaba chafeando, y en lugar de rectificarla se le banalizó más aún. Así, era previsible que iría de mal en peor. Si no se procuró su curación, y, por el contrario, se procuró su destrucción, es normal que hoy la tengamos en estado de colapso y avanzada putrefacción.

La evidencia de su putrefacción es la invasión de cómicos y actores de opereta que sustituyen a la clase política tradicional en un afán de los partidos políticos por no sucumbir ante el desprecio social, los cuales al verse irremediablemente azotados por la reprobación colectiva, y a la deriva por la vorágine de la historia, como último recurso, dejan a un lado las ideas, que sustituyen con el show de las elecciones, que es como un mercado de lágrimas y risas, donde se venden y compran las voluntades de los electores, animados por cómicos y canciones de mal gusto.

Pero eso no es todo, ahora la democracia mexicana surge en las redes encapsulada en tik tok, ese formato que anda de moda. La tendencia es usar el tik tok para hacerse publicidad en corto, pues el formato de esa red social facilita todo contacto virtual que sea breve e impactante, al estilo de estos tiempos pandémicos en los que la vida es breve. Estos tiempos del tik tok en los que, como dijo José Alfredo, la vida no vale nada.

Por eso, Tafoya, como dijo, no José Alfredo, sino José Agustín, la tragedia de la democracia mexicana es que la banalización del mal gobierno la desgració, convirtiéndola en la tragicomedia mexicana. La democracia mexicana es una tragicomedia y la prueba de ello es que ya cabe en el tik tok, lo que indica que ya valió tik tok.

Estaba mi amigo en eso de la reducción de la democracia mexicana al tamaño tik tok, cuando un cortocircuito sucedido en la esquina de mi calle provocó instantáneamente que en mi casa se fuera la luz, por lo que mi conversación virtual con Pantzontzin se suspendió, sin que hasta este momento en que escribo estas notas, mi fiel contertulio me haya enviado una nueva invitación a platicar por el chat para concluir su exposición. Y aunque en mi casa ya llegó la luz, todavía no tengo noticias de mi compañero de bohemia.

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