Rusia 2018. Futbol y poder

Nick Tafoya.

Después del campeonato mundial Rusia 2018, cómo no recordar al periodista Manuel Seyde y su «Fiesta del alarido».

En el más alto y más caro escenario del poder trasnacional del espectáculo del futbol, la esperanza verde una vez más se eclipsó. En la penumbra del sol negro de la «decepción nacional» vimos una selección mexicana que después de triunfar sobre la selección alemana, —aún campeona del mundo a esas alturas— luego recuperó su condición de mediocridad para verse derrotada y sin ninguna opción para avanzar hacia el quinto juego.

Entonces vimos la realidad de la cual está hecho el fútbol mexicano, de publicidad y banalidad, de jugadores profesionales cotizados en dólares y euros, que cobrando por su fama de oropel sueldos extra por anunciar cualquier forma de productos chatarra, mercancías de la miseria.

Luego de la derrota y su ausencia en la cancha —lo cual no es novedad—, siguieron visibles en la televisión en anuncios comerciales, pero ausentes en los escenarios donde se esperó dieran la cara para explicar su derrota frente a la afición que los idolatra sin medida.

De tal manera, vimos la mutación, la grandeza de los jugadores de la «decepción nacional» que se infla y su publicidad mediática, que con el peso de la realidad, recupera su verdadera intención de pobreza humana, con pequeños jugadores sin vergüenza; y es en ese momento cuando viene a la memoria la caracterización que hizo el periodista Manuel Seyde en su columna clásica titulada «Fiesta del Alarido» —que hizo allá en la década de los 70 del siglo pasado— de los integrantes de la selección nacional, los «ratones verdes».

Pero más allá de estas miserias, en el mundial de futbol de Rusia 2018 vimos también otros fenómenos de poder. En el centro del escenario apareció Vladimir Putin, el verdugo de los chechenos transmutado en un miserable y complacido; sonriente y complicado anfitrión.

También vimos a la selección francesa, a la postre campeona del certamen, integrada en su mayoría por jugadores afrodescendientes, producto del colonialismo francés, que la llevaron al triunfo final. Sin embargo, desde el punto de vista meramente deportivo, lo más relevante fue la actuación croata y el que, en sus condiciones, se convirtiera en subcampeona del mundo.

Croacia, con su historia ligada a los orígenes de la Primera Guerra Mundial, tuvo en sus jugadores a verdaderos guerreros en la cancha, aunque, con su epopeya, los seleccionados le dieron cámara y pantalla a la Presidente de su país, que representa a un partido y un proyecto político marcados por el racismo.

Lo dicho: el campeonato mundial de Rusia 2018 fue futbol y poder: La «Fiesta del Alarido».

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